¿Un futuro sostenible para las personas y la naturaleza? Aún es posible

Heather Tallis, Directora Ejecutiva Global y Científica Principal para la Innovación Estratégica de The Nature Conservancy; Stephen Polasky, catedrático Regents y catedrático Fesler-Lampert de Economía Ecológica/Ambiental de la Universidad de Minnesota

El cambio climático, el deterioro de la calidad del aire y el agua, el rápido crecimiento de la población… solo el hecho de contemplar soluciones para estos desafíos globales puede resultar abrumador, ni que pensar en cuánto costaría implementar esas soluciones. ¿Cómo podrá un mundo ya bajo una presión ambiental intensa alimentar y dar refugio a las 10.000 millones de personas que se anticipan para el año 2050?

Desafortunadamente, muchos ya han aceptado como algo establecido la idea de un impasse entre la conservación ambiental y el desarrollo humano.

¿Cómo podrá un mundo ya bajo una presión ambiental intensa alimentar y dar refugio a las 

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de personas que se anticipan para el año 2050?

Un nuevo estudio de The Nature Conservancy (TNC), la Universidad de Minnesota y otras once organizaciones líderes sugiere que hay otro modo de abordar estos problemas. Nos deshicimos de nuestras viejas presunciones y miramos a estos enormes problemas compartidos con nuevos ojos, basados en la ciencia.

Empezamos con una interrogante simple: ¿podremos satisfacer las necesidades básicas (alimento, agua, energía) de una población y una economía en crecimiento y lograr mejores resultados para la biodiversidad para el 2050?

Seguidamente, nos sumergimos en la ciencia. Usando modelos de sistemas globales, comparamos el statu quo —la senda de “todo como de costumbre” proyectada a los próximos 30 años— con una visión de un mundo más sostenible arraigado en cambios realistas y alcanzables en nuestro uso de la energía, la tierra y el agua.

Basamos nuestros análisis en proyecciones ampliamente aceptadas del crecimiento de la población humana y del PIB para el año 2050, anticipando el crecimiento en la demanda de energía (~ 50 %), alimento (~ 50 %) y agua potable (21 %). Luego, examinamos dos versiones (la de todo como de costumbrey una más sostenible) para ver cómo podrían ser los aumentos de la producción mundial para satisfacer estas necesidades y cómo afectarían el uso de la tierra y el agua, la calidad del agua, el clima, las pesquerías y los hábitats naturales.

Nuestra conclusión tomará a muchos por sorpresa: podemos satisfacer las demandas humanas y cuidar mejor a la naturaleza.

Hay muchos caminos para llegar a las clases de cambios que sugerimos en agricultura, producción de energía, pesca y manejo de recursos. Hacer cualquiera de los cambios necesarios requerirá que los líderes de todos los sectores —público, privado y sin fines de lucro, especialmente en conservación, salud y desarrollo — descarten las viejas nociones y las identidades rígidas que tan frecuentemente restringen nuestro pensamiento y nuestra voluntad de trabajar juntos.

¿Qué tipo de acciones implicará? Según lo previsto, requerirá un esfuerzo enérgico para reducir el uso de combustibles fósiles y los consiguientes gases de efecto invernadero, pero podemos lograrlo a través de una combinación inteligente y sensata de energía solar, eólica, hidráulica y nuclear, siempre y cuando estén adecuadamente ubicadas para minimizar la conversión del hábitat y usar tierras ya convertidas. Otros estudios han mostrado que podemos facilitar la necesaria transición de los combustibles a través de inversiones en soluciones climáticas naturales: estrategias de conservación y manejo de la tierra que maximizan el potencial de almacenamiento de carbono de nuestros paisajes y nuestras costas.

En materia alimentaria, podemos satisfacer la creciente demanda usando menos tierra que hoy a través de la implementación de pocos cambios razonables en dónde y cómo se lleva a cabo la agricultura. Al cambiar el lugar de cultivo dentro de las actuales regiones, podemos respetar la soberanía alimentaria de las naciones del mundo mientras que se reduce el uso del agua y de fertilizantes y se mejora el rendimiento de las cosechas. Estos resultados también reducen la presión sobre las fuentes  hídricas y dejan más hábitats sin convertir.

Para lograr este plausible mundo más sostenible, necesitamos hacer cambios enérgicos pronto. Varias de las modificaciones que describimos deben estar en curso dentro de los próximos diez años para que puedan tener éxito hacia mediados de siglo. Sin estos cambios, no lograremos los objetivos que las naciones del mundo se fijaron: estabilizar el clima, proteger la naturaleza, asegurar la salud de los océanos y los suministros de alimento, agua y energía.

El nuestro no es el primer análisis que aborda estas cuestiones, pero los estudios previos, con frecuencia, observaron diversos sectores o geografías en forma aislada. Nuestro estudio intenta considerar juntas las necesidades de desarrollo humano y de conservación mundial, en forma más holística y contemplando las proyecciones más recientes del crecimiento de la población y los objetivos climáticos. Invitamos a aquellos con ideas afines a contribuir a nuestro trabajo, pero también queremos que quienes tienen una visión distinta compartan sus perspectivas. Ciertamente, no tenemos todas las respuestas, pero hemos delineado algunas de las posibilidades y empezamos a crear la base de evidencia compartida que necesitamos para tomar mejores decisiones en pro de las personas y la naturaleza por igual.

Sobre todo, queremos iniciar un diálogo que nos ponga en marcha, porque el mayor riesgo es la inacción. Nuestro nuevo estudio muestra que el éxito depende no solo de los límites biofísicos del planeta, sino también de nuestra creatividad y nuestra voluntad de hacer frente a estos desafíos, juntos.

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¿Es posible? Un futuro en el que las personas y la naturaleza prosperan

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