Rita Canul es originaria del ejido de San Agustín, una pequeña comunidad a la orilla de los bosques que quedan en pie en el estado de Yucatán en el sureste de México. La región ha sufrido deforestación de grandes extensiones de bosques y selvas para dar lugar a la agricultura y ganadería extensivas. Sin embargo, en San Agustín, Rita y su comunidad, están implementando prácticas agrícolas y forestales que evitarán que sus bosques y selvas se vean degradados

La comunidad eligió un modelo integral de desarrollo que incorpora todos los aspectos de la comunidad y las posibles consecuencias para el paisaje rural que los rodea. Más allá de los detalles técnicos sobre prácticas agrícolas, su enfoque también incluye aspectos de inclusión y diversidad social.

A la extrema derecha, Rita Canul con una hamaca hecha a mano en el ejido de San Agustín.

Fotografía © TNC / Sébastien Proust

Rita y otros miembros de la comunidad han sabido reconocer que los hombres y las mujeres valoran diferentes aspectos del paisaje e interactúan de forma diferenciada con el bosque. Al identificar estas diferencias, la comunidad ha podido desarrollar estrategias que incorporan las necesidades de ambos géneros. Rita jugó un papel central en este proceso, por lo que sus compañeros la eligieron como Coordinadora Regional del Grupo de Productores. Como coordinadora, Rita toma decisiones clave sobre el uso de suelo y encabeza las actividades de manejo sostenible de paisajes que lleva a cabo la comunidad.

Hace algunos años la participación de Rita no solo no era posible, sino que además no era considerada relevante.

En México, menos del 20% de los dueños de los ejidos y tierras comunitarias son mujeres. Debido a que las decisiones de la comunidad se toman en la asamblea en la que solamente pueden participar los dueños de la tierra, las mujeres casi siempre son excluidas del proceso. Muchas veces, esto lleva al diseño de políticas que no toman en cuenta todos los aspectos necesarios para el desarrollo. Además, las mujeres reciben menos compensaciones a través de programas de subsidio, tienen menos acceso a las nuevas tecnologías y a los beneficios de conservación que resultan del manejo de la tierra.

México no es el único país en donde esto ocurre. Históricamente en todo el mundo, las mujeres no han participado en las políticas, programas y proyectos del sector rural, sobre todo en las comunidades forestales. Esto es lamentable porque las mujeres y los hombres valoran aspectos diferentes de los paisajes. Por ejemplo, en un taller que organizó The Nature Conservancy (TNC), se les pidió a mujeres y hombres que identificaran los beneficios que ofrecen los bosques a las comunidades.

La mayoría de los hombres identificaron valores como madera y caza, mientras que las mujeres señalaron la importancia del agua y los medicamentos. Es claro que todo lo anterior es importante y que las políticas relacionadas con la conservación de los bosques y el desarrollo rural deben considerar los valores de los hombres y las mujeres para ser verdaderamente efectivos.

Algunos estudios demuestran que esto ocurre en todo el mundo: asegurar la participación de las mujeres en las estructuras de gobernanza de conservación de bosques lleva a una mejor conservación y regeneración del recurso. Si queremos lograr avances en estos temas, las mujeres deben participar en la toma de decisiones.  

Dada la importancia de incorporar una perspectiva de género en la conservación de los bosques y el desarrollo rural, TNC, a través del Programa México REDD+ financiado por USAID, lideró un esfuerzo en el que se incorporó el tema de género como elemento fundamental de los esfuerzos de desarrollo sostenible en México. En los últimos seis años, TNC y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) implementaron una estrategia de diseño e implementación de instrumentos legales y políticas públicas para asegurar la equidad de género en los procesos de conservación de bosques. Gracias a ello, hoy ocho políticas y programas incorporaron el tema, incluyendo el Programa Nacional de Cambio Climático y la Estrategia Nacional REDD+. De esta manera, se asegura que el modelo de desarrollo rural sostenible propuesto por México incluye la perspectiva de género.

Además de los avances en las políticas públicas, TNC ha implementa proyectos en campo en comunidades como la de Rita, en donde se capacitaron a las comunidades sobre equidad de género. TNC, en coordinación con cuatro socios locales como Pronatura Sur y Bioasesores, desarrollaron talleres enfocados en tres fases: discusión entre las diferencias entre hombres y mujeres con respecto al manejo de paisajes, identificación de herramientas para incorporar la perspectiva de género en las actividades de conservación de los bosques e incorporación de dichas herramientas en el ciclo de proyectos de desarrollo rural.

Hoy, actores nuevos se están incorporando al modelo e identificando vacíos de género y acciones para responder a ellos en diversos tipos de proyectos comunitarios.

El impacto es muy evidente en casos como el de Rita en el que una mujer está asegurando la participación de la comunidad a través de su liderazgo y logrando que todos los días se cuestionen los estereotipos de género y se incorpore la perspectiva de género en el trabajo de conservación de la comunidad. Hoy, actores nuevos se están incorporando al modelo e identificando vacíos de género y acciones para responder a ellos en diversos tipos de proyectos comunitarios.

Cuando las mujeres están en el centro del proceso, se crea un modelo de manejo incluyente de los recursos naturales que es clave para cumplir con los objetivos de cambio climático globales. Con el establecimiento de nuevas políticas y programas realmente podremos empezar a lograr avances, pero solamente si aseguramos que las mujeres participen en el proceso.